La cata es la apreciación por los sentidos de las cualidades del vino para así poder conocerlo y enjuiciarlo.
Los sentidos utilizados en la cata son la vista, el olfato, el gusto y el tacto.
Es sin duda el sentido más importante de la cata, en el que la memoria más se pone a prueba. El vino nos recordará aromas y olores que a menudo nos resultarán familiares. La dificultad reside en saberlos describir. Para ello recomendamos emplear el vocabulario que a cada unos más le sea familiar (toffee, pan tostado, tinta china, tabaco, regaliz..), ya que de esta forma la tertulia será más animada e instructiva. Cuantas más analogía utilicemos, mejor.
Los aromas del vino también pueden proporcionarnos informaciones sobre la variedad dela uva, el método de elaboración o crianza, la edad y su evolución.
Los grandes vinos se caracterizan por su complejidad e intensidad aromática. Cuantos más aromas ofrezca el vino (variedad), de distintas familias de aromas, con intensidad y claridad, apareciendo y superponiéndose, evolucionando en multitud de matices durante la cata, más grande será el vino. Ésta es la complejidad de un gran vino.
Un vino "simple" ofrecerá pocos aromas, de poca intensidad y escasa perdurabilidad y evolución en el tiempo. Los aromas siempre serán positivos, mientras que los olores siempre serán negativos y se reconocen fácilmente.
Para facilitar la labor, los aromas suelen enmarcarse en tipo (tres) y en familias
TIPO PRIMARIO
Son los que preceden de la uva y son específicos de cada variedad de vid. Su intensidad dependerá de la variedad y del estado de madurez de la una cuando se vendimió. Estos aromas se perciben en un primer momento, nada más servir el vino y antes de agitas la copa. También se llamar aromas varietales (uvas).
Por ejemplo y de forma muy general, la Tempranillo se distingue por sus aromas a frutos rojos y negros y a veces florales (violetas). La Garnacha, depende del tipo de suelo pero en general ofrece aromas especiados, pimiento, regaliz. La Monastrell ofrece aromas de frutas maduras, compotados y pasificados (higos y ciruelas). Por último, la Cabernet Sauvignon se distingue por sus aromas vegetales (pimiento).
TIPO SECUNDARIO
Suelen tener un carácter químico y provienen de las múltiples sustancias formadas durante la fermentación alcohólica y maloláctica. Su concentración depende de tres factores: a) De la uva b) De las levaduras empleadas (cepas aromáticas) c) De las condiciones de fermentación (temperatura, aireación...).
Las levaduras empleadas tienen gran impacto en los aromas de vino y son de gran medida las responsables de la cada vez mayor "uniformidad" de los aromas de los vino. Las levaduras pueden ser naturales o "artificiales". Estas últimas suelen ofrecer aromas contundentes de sobresalen de forma, en general, excesiva sobre el conjunto y a veces con notas demasiado artificiales. La "nariz" de un vino joven será, por lo tanto, una mezcla de aromas primarios y secundarios. Estos aromas se perciben mejor agitando fuertemente la copa que aumente la evaporación.
TIPO TERCIARIO
Los producidos en el desarrollo de la crianza de un vino. Aparecen en la crianza, debido a nuevas sustancias sintetizadas y transformadas durante este proceso. También son el resultado de la evolución de los aromas primarios y secundarios. El bouquet se forma en dos fases: a) La oxidación, en los vinos envejecidos en contacto con el aire (crianza en barrica de madera) y se caracteriza por la presencia de vainilla, tostado, ahumado, café y chocolate. b) La reducción, en los vinos envejecidos sin casi contacto con el aire (crianza en botella). Potencian en el vino elegantes notas de especias, clavo, pimienta y tabaco. También aparecen aromas de ciertas flores como violeta y frutos secos o compotados. Podemos decir que la evolución en botella es la responsable de paso de aromas frutales (más joven) a aromas "criados", tabaco, cedro y especia, así como el desarrollo de aromas de cuero y animales en los vinos más viejos.